Historias con valores – Santi García

Foto de Santi García

Tenía 22 años recién cumplidos. Justo me había graduado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universitat Rovira i Virgili (URV) e iba en la dirección de mi meta profesional: trabajar de Social Media Manager o gestor de medios de sociales. Afortunadamente, me contrató una agencia de marketing y comunicación para desempeñar el puesto que deseaba. ¡El sueño de cualquier con mi edad, todavía más en una coyuntura de crisis económica! Qué más podía pedir: un cargo de responsabilidad en que gestionaba un pequeño equipo de trabajo y administraba las cuentas de importantes empresas e instituciones privadas. Pero lo dejé. Me armé de valor y lo dejé porque mis valores fundamentales no estaban alineados con el trabajo.

El síntoma que lo había puesto de manifiesto fue una caída progresiva de mi autoestima o propia percepción de valor. Empecé a dudar de las decisiones que tomaba, razón por que me aislé en mi zona de confort. En resumidas cuentas, vivía en piloto automático. Era de aquellas personas que aguardaban ansiosamente el fin de semana y maldecían la llegada de lunes. Hasta que me di cuenta de que aquella situación no podía prolongarse por mi propio bien, abrí el navegador y empecé a estudiar cómo podía ayudarme el coaching.

Después de conocer cuál era el propósito de la disciplina, juzgué conveniente asistir a un breve curso de formación por tal de adquirir las herramientas necesarias para acabar con mi situación. De esta manera fue como me encontré cursando un seminario de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en pleno verano. Entre las enseñanzas que me llevé estaban la rueda de la vida o un ejercicio cuyo objetivo era identificar los valores personales. No obstante, desconocía de qué manera aplicar eso en mí. Y es que es difícil combatir a un enemigo que tiene avanzadillas dentro de ti. En otras palabras, pensé que quizá estaba saboteando mis intentos por recobrar la satisfacción conmigo mismo. Así las cosas, volví a Google con la intención de encontrar a algún coach ubicado por Tarragona o Reus que pudiera ayudarme. Entonces conocí a David Alonso.

Mis 5 valores fundamentales

En un principio me mantuve escéptico. Me costaba horrores comprender cómo podría él ayudarme si yo no había conseguido ningún resultado después de intentarlo una y otra vez. Quizá esa es la razón por que era muy hablador en las sesiones. Tanto es así que daba rodeos y conseguía aburrir supinamente a David. Con todo, fue en la segunda visita cuando me llevé la sorpresa. David me comentó aquel día que nuestro propósito era conocer mis valores con el objetivo de profundizar en mi problema y evitar que pudiera pasarme algo similar en el futuro. Sacó el simpático juego Coaching por Valores (CxV) y en poco menos de una hora identifiqué qué era lo que me importaba de una manera sencilla. Obtuve, por orden de importancia, los valores siguientes: relaciones familiares, humildad, honestidad, espiritualidad y pragmatismo.

En primer lugar, entendí la humildad como reconocer los propios errores y actuar en consecuencia. En segundo lugar, la honestidad la definí como actuar en sintonía con lo que pienso y siento. En tercer lugar, y tras pensármelo detenidamente, acordé que la espiritualidad era mi intento por comprender qué hacían unos seres finitos como los humanos en un mundo infinito. Y en cuarto y último lugar, el pragmatismo o sentido práctico lo entiendo a modo de mantener el control de aquello con que siento una responsabilidad. De todas maneras, mi mayor descubrimiento no fueron mis valores individuales, sino a la reflexión a la que llegué posteriormente. Me di cuenta de que mi valor como persona debía ser nulo. Al fin y al cabo, si los valores son lo más importantes y yo los había violado día sí y día también en el trabajo, ¿cómo iba a sentirme bien? Aquél juego de apariencia inofensiva cambió mi vida desde entonces. Tomé la decisión aquella semana: iba a dejar el trabajo.

El momento de la verdad

Me envalentoné. Redacté un listado con las tres principales razones por las que debía dejar mi puesto de trabajo y les confesé la decisión a mis familiares y amigos más cercanos. La experiencia fue verdaderamente gratificante. Cuando acabé de explicárselo a una amiga, ésta me dijo que la había convencido por completo. Ya no sólo por los argumentos utilizados, sino por la claridad y determinación que comunicaba mi modo de hacerlo. De alguna manera, podría decirse que los valores actuaron a modo de combustible. Y es que cuando sabes lo que quieres, también sabes lo que no quieres. Pocos días después llegó el momento de comunicar mi baja voluntaria. Me senté junto a mi jefe y se lo dije. No te imaginas lo realizado que me sentí al abandonar la oficina aquella mañana.

Mi historia con la metodología de CxV no acaba ahí. Una vez finalizaron las sesiones con él, David decidió regalarme el juego: parecía estar convencido de que iba a sacarle provecho. Honestamente, no se ha equivocado. Desde entonces lo he utilizado para aumentar el grado de satisfacción con mi pareja y fortalecer nuestro compromiso. Incluso he acudido a él con el propósito de jugar con mis amigos y ayudarles en sus momentos difíciles. Que se lo digan a mi amiga, aquella que me vio convencido: medio año más tarde de dejar mi trabajo, jugamos a El Valor de los Valores. Por otra parte, en lo personal, recurro periódicamente a la metodología por tal de identificar qué valores necesito trabajar a medida que avanza mi vida. Si cuando descubrí por primera vez mis valores mostraba un escaso porcentaje de valores económico pragmáticos, en la actualidad representan el 80% debido a que estoy en un momento de transformación profesional. Por ejemplo, alguno de los nuevos valores que a día de hoy estoy trabajando son el liderazgo, el dinero o la determinación.

En conclusión

A modo de cierre, dedicaré unas líneas a aquellas personas –tú, lector o lectora- que se encuentren en una situación similar a la que yo viví. Lo primero que quiero decirte es que eres afortunado. Habiendo superado mi primera gran crisis, me he dado cuenta de que, como decía Einstein, es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Porque quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado, pues sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Por lo tanto, ármate de valor y piensa en lo que de verdad te importa. Estoy seguro de que últimamente has estado pensando en qué hacer para cambiar tu situación. Debería de, tengo que o he de. ¿Te ha pasado alguna de esas palabras por la cabeza? Si es que sí, algo ha empezado a cambiar.

Un abrazo,

Santi.

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